Javi Andreu Perfil de Javi Andreu en Google Maps (
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Puntuación 5 sobre 5 Hace 7 meses
Ha sido una agradable sorpresa comer en este restaurante. Muy bien atendidos, bonito local y aunque las mesas y sillas son altas son muy cómodas y el espacio entre comensales es amplio. La comida está hecha con mucho sabor por lo que está muy rica. Destacaría: las croquetas líquidas de jamón, la nueva versión de huevos rotos, el arroz de carne madurada (impresionante), los canelones gratinados de pularda, el tataki de vaca, el lagarto ibérico (sensacional) y la paletilla de ternasco de Aragón. Y como postre la tarta de queso y la torrija caramelizada. Hay un menú de tapas muy interesante que habrá que venir a probarlo en otra ocasión.
Adrian Bona Perfil de Adrian Bona en Google Maps (
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Puntuación 5 sobre 5 Hace 7 meses
El lugar no es muy grande pero está muy bien decorado y muy acogedor con tanta variedad de vinos por todos lados.
En cuanto a la comida, ha sido un menú cerrado. Todos los platos estaban muy buenos. Muy rico en particular los huevos rotos y el tataki. La cantidad de comida es adecuada, no te quedas con hambre. De postre hemos probado la tarta de queso idiazabal, muy buena de sabor si te gusta que sepa a queso (no es dulzona) nos ha gustado tanto la textura como el sabor.
La amabilidad y atención de las camareras en todo momento, y explicando los platos conforme los sacaban. Además de preocuparse por si estaba todo bien en todo momento.
Podemos concluir, que el sitio es estupendo y la comida riquísima.
Pablo Aragüés Perfil de Pablo Aragüés en Google Maps (
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Puntuación 5 sobre 5 Hace 3 meses
Lo descubrimos por casualidad y fue todo un acierto. Reserva obligatoria.
Desde el primero momento la atención fue exquisita por parte de las 3 camareras.
El menú, sin ser precisamente extenso, tiene variedad. Las croquetas y los huevos rotos son imprescindibles.
El precio no está nada mal; por 30€± p.p. cenas muy bien.
Hector L.S. Perfil de Hector L.S. en Google Maps (
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Puntuación 5 sobre 5 Hace 4 meses
Gran experiencia la que vivimos en este establecimiento, para empezar probamos las croquetas de jamon de Teruel, impresionantes, normal que sean las mejores croquetas de jamon de Teruel de Aragon, imprescindibles probarlas en este establecimento.
Por otro lado los huevos rotos tambien buenisimos, ademas hechos de una manera diferente con una espuma de bacon ahumado que te añaden en la misma mesa y luego te los rompen en directo, exquisitos.
Pero luego aun vino comimos otra joya que era el jarrete de ternera cocinado a baja temperatura, que carne mas tierna, sabrosa y jugosa, super recomendable.
De postre comimos las tres leches y trufas de chocolate que estas ultimas son bastante fuertes por el licor que llevan.
Super recomendable y por supuesto 5 estrellas y nos quedamos cortos, repetiremos seguro, el unico pero que podemos poner es que el local es pequeño y cuando se llena hay un poco de alboroto sin ser tampoco muy excesivo.
Las camareras que nos atendieron muy amables, dando buenas recomendaciones y ofreciendo un servicio sobresaliente.
Lola Khasyanova Perfil de Lola Khasyanova en Google Maps (
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Puntuación 1 sobre 5 Hace 5 meses
El gastrobár quedó en la memoria gracias a una primera visita bastante positiva, y precisamente ese contraste hace que la experiencia posterior sea especialmente reveladora.
La primera visita fue con un conocido que frecuenta este lugar y, de hecho, fue quien me llevó allí. La impresión entonces fue realmente positiva. La cocina se mostraba segura y bien ejecutada. El tartar de atún quedó muy bien en la memoria: la frescura del producto se percibía de inmediato, el sabor era limpio, sin excesos, con una textura y un equilibrio correctos. Las ostras en aquella ocasión también fueron correctas: no a nivel de una experiencia gastronómica excepcional, pero frescas, agradables y sin fallos importantes.
El postre también destacó —la tarta de queso (cheesecake). Estaba simplemente muy buena: claramente cremosa, suave, con esa textura que personalmente valoro más, cuando se consigue una base cremosa intensa sin excesiva densidad ni pesadez. Precisamente esa sensación de conjunto fue una de las razones para volver.
Sin embargo, la segunda visita (11 de septiembre de 2025) cambió por completo la percepción.
El inicio de la cena con las ostras fue especialmente desafortunado. Las conchas estaban mal abiertas: quedaban fragmentos que se notaban claramente al comer. Era necesario prácticamente limpiar el producto en la boca, algo inaceptable en un plato de este tipo y que indica un problema serio en la técnica básica de preparación.
Los calamares solo reforzaron esa impresión. En cuanto a textura, eran gomosos, húmedos, con sensación de producto descongelado y cocinado con prisa, sin el control adecuado. El plato daba una sensación clara de falta de cuidado y de ejecución técnica deficiente.
Después de esto, no tenía sentido continuar la cena, así que decidimos limitarnos al café y al postre.
Por parte del servicio no hubo prácticamente ninguna reacción ante lo ocurrido: ni respecto a las ostras ni a los restos evidentes en la mesa y las servilletas. Esto reforzó la sensación de falta de implicación del equipo de sala.
El café fue estándar para Zaragoza, sin un carácter definido. Incluso el azúcar se convirtió en un detalle negativo: húmedo, apelmazado, prácticamente sólido, hasta el punto de tener que romperlo con las manos.
La tarta de queso en esta segunda visita, que en la primera había sido uno de los puntos fuertes, perdió por completo su textura e identidad. En lugar de una estructura cremosa y suave, apareció una masa densa y pesada, más cercana a una simple tarta horneada. El postre quedó sin terminar, lo que en contraste con la primera experiencia resultó especialmente significativo.
La conclusión es clara: la primera visita generó una expectativa positiva, pero la segunda la destruyó por completo. Tras esta experiencia, el deseo de volver al restaurante desapareció.